Esa frase de “haz el amor y no la guerra” de Gershon Legman que se hizo tan popular durante la guerra Vietnam, y que tan bien conocemos, no se cumple en el caso del Airsoft. Este hobby, para los que no lo conozcan, como era mi caso, hasta hace unas semanas, es un juego de simulación bélica, cuidado al detalle. La única diferencia, es que en vez de dispararse balas letales, se disparan bolas de PWC de 0,20 milímetros, y cuando un jugador es alcanzado por una de ellas, es declarado muerto. Los jugadores, en general, intentan mantener la simulación con el máximo nivel de fidelidad posible, desde la indumentaria, a las armas, que son perfectas réplicas de las que se utilizan en la guerra real. En realidad, aunque pueda parecer una actividad un tanto agresiva, no lo es, y todo se trata de estrategia, como la de un campo de batalla, además de mucha, mucha camaradería y compañerismo entre los participantes.

En general, cada partida suele ser deferente, ya que sus términos cambian, y, dependiendo un poco de la creatividad del organizador, puede ser, desde la recreación de una batalla histórica, hasta algo más original, como rescatar a un soldado herido en territorio enemigo, y trasladarlo a un punto de evacuación. La duración también varía, pero, lo normal es que durante dos horas un equipo juega un rol, se descansa y se cambian los roles, para que todos puedan defender y atacar.

La experiencia es sumamente divertida y extenuante. Es cierto, que esa comunidad se toma el juego muy a pecho, y como dicen ellos, se trata de un juego de “honor”, donde tienes que ser tú el que indique que has recibido un impacto, y retirarte de la batalla. Así surgen los denominados “inmortales”, que nunca “mueren”, y los “infalibles”, aquellos que siempre piensan que han acertado en su objetivo. Pero para eso están los jueces, que vigilan que las reglas del juego se aplican.

También existen diferentes tipos de roles en cada partida, desde el francotirador, que puede impactar a un blanco a 80 metros de distancia, al, médico, que es capaz de curar a los heridos, o los fusileros que son la mayoría en el juego. Casi todos, van armados con su arma principal, una secundaria, que suele ser una pistola, para la corta distancia, un cuchillo (de plástico) y granadas, que pueden ser de bolas o de sonido. Cada arma tiene una distancia de uso reglamentaria, por seguridad, por ejemplo, el francotirador no puede disparar a menos de 20 metros, pero la pistola puede disparar a cualquier distancia.

Para los que los preocupe que les disparen bolas de duras de PWC, el único equipamiento obligatorio, son las gafas protectoras, ya que los ojos son el único lugar donde sí que podrían llegar a causar daños. Pero como el juego casi siempre se produce a media/larga distancia, en general, los impactos, ni siquiera molestan, a corta, pueden picar un poco, pero no son dolorosos.

En los alrededores de Madrid tenemos, multitud de campos para jugar, pero hay que estar atento, porque casi todos se llenan un prácticamente unas horas. El consejo, es ir siempre con alguien experimentado y bien cubierto y equipado.

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