Yo siempre he dicho que una ciudad en la que podría vivir perfectamente en Europa sería Berlín. Una ciudad abierta y con un ambiente muy internacional. Llena de startups y de innovación, tanto tecnológica como cultural. Es una ciudad que siempre ha intentando ser diferente, ser disruptora por el único placer de serlo.

Berlín es una ciudad con muchísima historia, y mi recomendación es intentar caminar libremente por la ciudad, darnos tiempo para descubrirla. Aquí, es donde el ayuntamiento ha hecho un gran trabajo señalizando cada pequeña historia acontecida en todos los rincones de la ciudad.
Tenemos que tener en cuenta al visitar la ciudad que después del asedio aliado y soviético durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los edificios originales quedaron totalmente destruidos. Pero, la guerra y el posterior muro que dividió la ciudad en dos, proporcionan una rica historia digna de ser conocida y experimentada. Tal y como dijo Santayana, “aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”, y los alemanes son totalmente conscientes de ello.
Todavía a día de hoy, Berlín oriental y Berlín occidental tienen un carácter totalmente diferente. Seguramente, si estamos atentos al tráfico podremos ver algún Trabant, el utilitario soviético fabricado para el pueblo, hecho de pasta de papel y con un motor de dos marchas, todo un símbolo del dominio comunista de la zona.
Indispensables de Berlín:
1. La Puerta de Brandenburgo, es, sin duda, el símbolo de la ciudad. Merece la pena verla de noche o de día.

2. El monumento a los judíos asesinados durante la segunda Guerra Mundial.

3. La Universidad de Humboldt.

4. Check Point Charly. Existían múltiples límites fronterizos que conectaban los dos Berlines, pero el que situaba a tan sólo unos metros a las dos potencias protagonistas de la guerra fría es el más emblemático.
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5. “Topografía del Terror”, donde también podemos aprovechar para ver parte del muro. Refleja los horrores de los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
6. El impresionante Dome o Categral de Berlín. Cuyos cimientos datan de 1454.
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7. Comer un bradwurst en la plaza del Berliner Fernsehturm donde se encuentra ubicada la torre de televisión. Es el edificio de acceso público más alto de Europa con 368m.
8. Caminar por Berlín del este para hacerse una idea de las edificaciones y el palpable estilo austero soviético estilo soviético.
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9. Berlín es famoso por su vida nocturna, dispersos por la ciudad hay clubes donde todo tiene cabida, prácticamente todas las “tribus urbanas” tienen el suyo.
Como añadido, me gustaría contaros una pequeña anécdota que recordaré siempre. Allá por el año 2002, trabajaba en una empresa papelera en Suecia. En alguna ocasión iba con el barco en el que transportábamos el papel a un almacén de Hamburgo, para supervisar el estado de los almacenes. El capitán del barco llevaba toda la vida haciendo  la misma ruta, entrando en torno a las cinco de la mañana a través de la desembocadura del río Rhin, que hacía a su vez de frontera geográfica entre las dos alemanias. Me relató cómo en el momento más álgido del régimen soviético, las dos orillas del Rhin, parecían dos mundos diferentes, a la derecha se veían luces, letreros luminosos, se escuchaba música, mientras que al margen izquierdo del río, no había nada más que oscuridad, pero que si se afinaba el oído, a veces, se podían escuchar disparos y gritos de personas intentando saltar el muro. Estremecedor. Y no estamos hablando de “historia antigua”, el muro fue derribado en 1989, hace tan solo 25 años.